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Mirta Eiroa Psicoanalista

Clínica con adolescentes
4 de Diciembre de 2018

Adolescencia: Un nuevo despertar

Adolescencia conlleva crecimiento, cambio, dolor y falta. Es un pasaje obligado, complejo, delicado, pero también es un momento creativo. Es una época en que el cuerpo de las chicas y los chicos sufre cambios y transformaciones. Es un cuerpo susceptible de procrear.

Ante esta nueva imagen algunos jóvenes pueden angustiarse. El propio cuerpo es un extraño, la identidad todavía está por venir. Al mirarse al espejo y verse diferente hace que muchos se pregunten ¿quién soy? Y al constatar que el niño o la niña que fue se ha perdido irremediablemente puede producir sentimientos de falta, de pérdida, de inseguridad y de dolor.

Pero no sólo el espejo puede devolverles ese cambio, sino también los semejantes en los que se mira lo ven diferente. Puede que los adultos más cercanos puedan darles más derechos pero también le pedirán más responsabilidad.

Es una etapa de riesgos, una etapa decisiva: la del encuentro del sujeto con el deseo sexual, la de la reactualización del vida sexual infantil, la elección del objeto de amor.

La adolescencia es una transición entre el niño que se fue y el adulto que está por llegar. Es necesario hacer un trabajo de duelo de la infancia, aunque la renuncia no sea del todo completa, en el inconsciente siempre quedarán los acontecimientos esenciales de la niñez de cada uno.

Los códigos con que se manejaban en la infancia ya no funcionan, ahora tendrán que construir herramientas que les permitan enfrentar la vida adulta. Y esto, en algunos casos, no es sin sufrimiento y angustia.

¿Qué respuesta da el psicoanálísis?

Desde el psicoanálisis se escucha y aborda ese sufrimiento, que, algunas veces se manifiesta, otras veces es inconsciente, pero que casi siempre es expresado en sus comportamiento. Sabemos que algunos adolescentes no saben o no pueden identificar lo que sienten, su malestar lo expresan más por actos que en palabras.

Puesto que, se trata de una etapa de crisis, pueden aparecer síntomas diversos, que van desde el fracaso escolar y el abandono de estudios a la depresión Muchos adolescentes presentan inhibición intelectual, social o afectiva, otros inquietud o conductas disruptivas. También hay quien presenta trastornos de la alimentación (anorexia, bulimia) y/o adicciones...

Por otro lado y no menos importante, nos encontramos en un momento de la cultura en que cualquier objeto puede satisfacer un goce aunque sea al precio de hacerse adicto. Adicto al móvil, a las sustancias. Y es en esa soledad en ese goce autista donde algunos jóvenes pueden quedar atrapados.

¿Cómo lo resolverán? ¿Qué margen de maniobra dispone un adolescente?

La dificultad de verbalización, la inhibición y el frecuente silencio con que el joven se presenta, requiere un enorme flexibilidad y apertura por nuestra parte.

Cuando un adolescente sufre, en primer lugar recabo información de los adultos de su entorno: padres, educadores, y principalmente, del propio adolescente, para confeccionar su historia clínica. Entrevisto al joven las veces necesarias para ubicar las causas psíquicas de sus síntomas. Tengo en cuenta que cada adolescente en su particularidad es único. Posteriormente comunico a los padres mi juicio clínico y propongo, dependiendo de cada caso, un tratamiento orientado tanto a padres como a educadores en los modos más convenientes de hacer con el síntoma del adolescente.

Sin olvidar que, el desafío que tenemos como psicoanalistas es el de poder instalar un punto desde donde el joven pueda volver a encontrar el gusto por las palabras.

La apuesta es ofrecer a los adolescentes que recibo un espacio de libertad para la palabra y la conversación en el marco de las sesiones de un análisis.


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