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Mirta Eiroa Psicoanalista

Sobre el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH)
4 de Diciembre de 2018

Mi hijo no termina de hacer las tareas” . No para, va de un lado al otro”. “Le pega a los otros niños”. “En casa rompe las cosas, deja todo tirado”. “No te escucha cuando le dices algo”. “La profesora dice que se mueve constantemente, que no puede quedarse quieto, que no atiende en clase”. “No tiene freno” . “Por la mañana ya se despierta enfadado” . “Está siempre en la luna, pierde todo, se olvida de las cosas”. “Ya no sabemos qué hacer con él”

Estas y muchas otras maneras es como se presenta el discurso de algunos padres cuyos hijos han sido diagnosticados de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad. Cuando hablan y hacen una descripción del niño se escucha cómo ellos también están involucrados emocionalmente en lo que le pasa a su hijo. Sienten que no pueden hacer nada.

Como psicoanalista que me dedico al trabajo con niñ@s y adolescentes, me he encontrado muchas veces que el niñ@ o adolescente ya viene con una etiqueta de entrada, con un diagnóstico que lo marca: “es hiperactivo” y con una indicación desde la medicina o la psiquiatría: "hay que medicarlo yque empiece un tratamiento cognitivo-conductual"

En la actualidad los psiquiatras han abandonado la práctica de una psiquiatría dinámica en favor de la psicofarmacología y de un juicio clínico basado en la fenomenología.

Por su parte, los psicológos cognitivo-conductuales diagnostican a partir del comportamiento. Se observa la inquietud, el nerviosismo, la agitación que presentan los niñ@s y se pone un nombre a esos síntomas. A partir de aquí se lo trata con técnicas de modificación de la conducta. Ambas terapias, la farmacológica y la conductual, van dirigidas a suprimir el síntoma. Es decir, van a taponarlo.

De entrada, en primer lugar, no estoy de acuerdo con esta nominación. Se preguntarán ¿por qué? Primero porque no considero que el TDAH sea una enfermedad, sino una manifestación de un comportamiento disruptivo. Por otro lado, porque esta nominación apunta al ser: ese niñ@ o adolescente “es” TDAH. Para nosotros nada tiene que ver con el “ser” sino con el “tener”. Este niñ@ o adolescente tiene TDAH. Esto mismo ya abre otra posibilidad de abordaje.

Como psicoanalista trabajo de otra forma, trabajo con el discurso y las palabras. Lo primero que hago es preguntarme ¿Qué es lo que le sucede a este niñ@ o adolescente en particular? ¿De qué sufre? ¿Qué quiere decir con esas conductas? ¿Por qué resulta su comportamiento tan inquietante y angustiante para los otros? ¿Qué significación tiene para los padres y para los maestros ese diagnóstico?

Lo que hago es escuchar el sufrimiento de ese niñ@ o adolescente en su singularidad, así como los modos en que puede expresarlo. Voy descubriendo cuáles son los conflictos psíquicos que presenta, investigo como se expresa la angustia y si hay agujeros en la estructuración narcisisita. Así mismo, intento delimitar hacia dónde dirige la atención, los modos en que se manifiesta su inquietud y movimiento.

Me tomo mi tiempo para entrevistarme con él o con ella para ubicar las causas psíquicas de sus síntomas, teniendo en cuenta que cada niñ@ o adolescente es único, que no vale para todos lo mismo. Me entrevisto con sus padres y educadores con la finalidad de recabar información y confeccionar su historia clínica.

Mis intervenciones durante el tratamiento se adecuarán a cada caso en su particularidad de acuerdo a la conflictiva específica que presente el niñ@ o el adolescente.





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